Diario Patria
MEMORIA DEL TEORRISMO

Susana Ezkurra | Viuda de Patxi Arratibel: «ETA asesinó a mi marido y encima nos exigía que desapareciéramos de Euskadi»


Susana Ezkurra considera «muy acertado» que la asociación de víctimas Dignidad y Justicia haya presentado una querella en la Audiencia Nacional para que se investigue a diez exjefes de ETA por la «expulsión forzada» de miles de personas a lo largo de la historia de la banda. Los perfiles de los expulsados, exiliados o transterrados son diversos y llegaron a afectar a colectivos como los de los políticos, empresarios, intelectuales, académicos, jueces, fiscales, abogados o periodistas. Entre los que se marcharon después de que ETA asesinara a un ser querido y rompiera en dos su proyecto de vida se encuentra la viuda de Patxi Arratibel, el industrial asesinado en plenos Carnavales de Tolosa. Ezkurra sabe por su propia experiencia lo que significa el acoso y la amenaza de la banda y su entorno. «ETA asesinó a Patxi y encima nos exigía que desapareciéramos de Euskadi», rememora.

–¿Qué le parece que la asociación Dignidad y Justicia haya presentado en la Audiencia Nacional una querella para instar a que se investiguen las miles de «expulsiones forzadas» por ETA?

–Me parece muy acertado que se lleve este asunto a la Audiencia Nacional. Pero, como siempre digo, en todos estos temas se llega tarde porque hay mucha gente que ha sufrido la amenaza, el acoso y la extorsión, que se vio obligada a marcharse y tuvo que comenzar una vida nueva en otro sitio. Y ni ETA ni nadie tiene derecho a echarte de tu casa, de tu ciudad, de tu tierra…

–Usted ha vivido una situación similar en su propia familia. Cuando ETA asesinó a su marido y se quedó sola con dos hijos pequeños, ¿qué es lo primero que se le pasó por la cabeza, pensó que debía poner tierra de por medio?

–Antes del asesinato de Patxi, ETA le exigió a mi suegro el impuesto revolucionario. Con aquellas cartas, ETA ya le estaba diciendo: ‘o pagas o te vas o te matamos.’ Ya empieza ahí la extorsión en la familia Arratibel. Es cierto que hay momentos en los que llegas a no creer que te vayan a echar de tu tierra, en la no solo llevas toda tu vida sino la de tus abuelos y tatarabuelos. Al final mi suegro tuvo un atentado del que salió ileso y acabó pagando la extorsión. Y tiempo después se volvió a repetir la historia con mi marido. Luego ETA asesinó a Patxi y encima nos exigía que desapareciéramos de Euskadi. He sabido tiempo después, por comentarios de personas cercanas, que Patxi llevaba tiempo pensando que nos teníamos que ir.

Querella

«Me parece muy acertado que se lleve este asunto a la Audiencia Nacional. Pero, como siempre, en estos temas se llega tarde»

–¿No se lo comentó nunca?

–No. Y me parece terrible que alguien tenga que acabar pensando que se tiene que ir, que alguien te diga, porque sí, vete de aquí y ponte a trabajar en otro sitio… ¡Perdona, que yo tengo aquí mi vida, mi futuro…! ¿A dónde te vas, cómo haces con tu familia, coges lo que tienes y te vas a una ciudad que no conoces, dónde te pones a trabajar…? Yo no había estado nunca en la empresa de catering que tenía mi marido y me tuve que hacer cargo de un negocio que tampoco iba bien. En esos momentos yo decía: ‘¿y si me voy, a dónde me voy, cómo hago?

–¿Tuvo ayuda en ese momento?

–Lo que tenía era una empresa que sacar adelante porque si la cerraba me quedaba sin nada y tenía unos niños que dar de comer, que llevar al colegio… El Gobierno Vasco te daba una ayuda, pero tampoco te la daba al día siguiente. Que asesinen a tu marido no es como una enfermedad. Yo me levanté por la mañana al día siguiente del atentado y de repente mi marido no estaba. A Patxi le mataron un martes y el sábado la empresa tenía contratada una boda y luego había comuniones. Me decían: «¿Y qué hacemos?». Y yo solo acertaba a decir: ‘Pues da la boda. Yo qué sé quién organiza esto de repente. Era Patxi el que lo llevaba todo’. Te quedas vendida, no sabes qué va a pasar. ETA le ha quitado del medio a tu marido ¿y luego qué, me van a hacer a mí lo mismo? ¿Qué les parece a los terroristas, que yo puedo seguir con la empresa, que los Arratibel se tienen que ir de Euskadi? Me hacia miles de preguntas que no tenían respuesta.

Extorsión

«Antes del asesinato de Patxi, ETA extorsionó a mi suegro. En aquellas cartas ya decía: ‘O pagas o te vas o te matamos’»

–Y cogió fuerzas como pudo y con el tiempo no tuvo más remedio que reaccionar…

–Muchas veces las empresas siguen su ritmo, su inercia… Yo sinceramente me quedé sola. Iba a dar las bodas o las comuniones con mis hijos, no podía dejarles en ningún sitio. Y, de repente, me encontré que tenía que negociar hipotecas, deudas con la Kutxa… Sabía que tenía que seguir como fuera, que no me podía ir a vivir con mis padres… Estuvimos un tiempo, pero finalmente me marché a Madrid. Aguanté lo que pude, pero se tuvo que cerrar la empresa. Las negociaciones con los trabajadores fueron muy tensas y desagradables, sobre todo con el sindicato LAB. Esos que primero me decían «que te vayas», y luego me reclamaban que no cerrara la empresa. Finalmente me tuve que ir a Madrid. Allí me salió un trabajo.

–¿Cómo fue el día que se tuvo que marchar?

–Triste, sin duda. Pensaba en Patxi… Me pude quedar en casa de una amiga hasta que organicé mi vida y aseguré un futuro laboral. Lo cierto es que aún hoy me veo y digo: ‘¡Qué cosa más rara haber acabado viviendo en Madrid! Pero no me quedaba más remedio. Lo cierto es que nunca te acabas de desligar de tu ciudad. Yo creo que terminaré regresando a San Sebastián.

El futuro

«Lo cierto es que nunca te acabas de desligar de tu ciudad. Yo creo que terminaré regresando a San Sebastián»

–¿Sus compañeros en el nuevo puesto de trabajo conocían quién era y por qué se había ido a vivir a la capital? ¿Se sintió arropada?

–Lo conté el día que ocurrieron los atentados del 11-M. Por casualidad, había conocido a una secretaria de recursos humanos y aquel 11 de marzo iba sentada encima de la bomba en uno de los trenes. Cuando nos enteramos fui donde su jefe, le conté mi historia y me ofrecí a dar apoyo al marido de mi compañera o a quien lo necesitara. Mi historia corrió como la pólvora. La gente se portó muy bien conmigo. Nunca habían tenido a su lado a una víctima de ETA y alucinaban.


Tolosa no suspendió los Carnavales pese al asesinato de Arratibel

El 11 de febrero de 1997, el empresario Patxi Arratibel paseaba, en plenos Carnavales de Tolosa, en compañía de su hijo Borja, de 12 años, y un cuñado, cuando dos terroristas de ETA disfrazados con chilaba, peluca y gorro árabe se acercaron por detrás y uno de ellos le descerrajó un tiro en la cabeza. Patxi era el director de la txaranga Kabila. Pese al asesinato, no se suspendieron los Carnavales. El crimen está aún sin esclarecer.

Aquel martes de invierno, Susana Ezkurra se despidió de su marido, muy de mañana, y ya no volvió a verle con vida. Arratibel había sido objeto de una campaña de acoso y chantaje de ETA por el denominado ‘impuesto revolucionario’.

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