Diario Patria
CASA REAL

Leonor, la princesa de Asturias número 36 según un estudio histórico


  1. La numeración de la princesa de Asturias
  2. I. Las juras de los príncipes de Asturias en el antiguo régimen
  3. II. La proclamación de los príncipes de Asturias en el régimen constitucional
  4. III. La República y el régimen de Franco
  5. IV. Restauración de la monarquía en 1975
  6. V. La Constitución de 1978
  7. Los príncipes de Asturias
Los reyes y la princesa Leonor, en la recepción en el Palacio Real de Madrid por la Fiesta Nacional del 12 de octubre.

Leonor de Borbón y Ortiz cumple 18 años este 31 de octubre, y al alcanzar la mayoría de edad, jura la Constitución ante las Cortes Generales en su condición de princesa de Asturias.

La ceremonia está contemplada en el artículo 61.2 de la Constitución de 1978, que establece que “el Príncipe heredero, al alcanzar la mayoría de edad, y el Regente o Regentes al hacerse cargo de sus funciones, prestarán el mismo juramento” que el rey al ser proclamado ante las Cortes Generales, “así como el de fidelidad al Rey”.

Leonor ostenta la dignidad de princesa de Asturias y los demás títulos vinculados tradicionalmente al sucesor de la Corona de España desde el 19 de junio de 2014.

Ese día su padre Felipe fue proclamado de rey de España, y por eso ella, como hija mayor del rey, pasó a ser princesa de Asturias, de Gerona y de Viana.

“El Príncipe heredero, desde su nacimiento o desde que se produzca el hecho que origine el llamamiento, tendrá la dignidad de Príncipe de Asturias y los demás títulos vinculados tradicionalmente al sucesor de la Corona de España”, indica el artículo 57.2 de la Constitución.

José Luis Sampedro Escolar, miembro numerario decano de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, ha estudiado qué ordinal le corresponde a Leonor como princesa de Asturias, en la lista de príncipes de Asturias que se han proclamado en la Historia de Castilla y de España.

La numeración de la princesa de Asturias

José Luis Sampedro Escolar

Numerario Decano de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía

El objeto de este estudio es averiguar qué ordinal corresponde a S.A.R. Doña Leonor como Princesa de Asturias, pues hay una tendencia a adjudicarle el ordinal XXXV cuando mantenemos que ha de ser el XXXVI. La dignidad de Príncipe de Asturias fue creada en 1388, a imitación del principado de Gales, del sucesor del trono inglés, cuando contrajeron matrimonio el futuro Enrique III de Castilla, heredero de los usurpadores Trastámara, y Catalina de Lancaster, nieta del Rey Pedro I. Esta alianza matrimonial era un símbolo de reconciliación, pues la heredera del Rey destronado y asesinado por la rama bastarda en 1369 daría continuidad al linaje Real, que quedaba legitimado en su hijo, Juan II.

La Monarquía de Castilla (y, posteriormente, de España) ha pasado por diferentes etapas de distinta configuración política.

I. Las juras de los príncipes de Asturias en el antiguo régimen

Durante el Antiguo Régimen, desde la creación del título de Príncipe de Asturias, en 1388, hasta 1833, año en que se produjo la proclamación como tal de la Princesa Isabel, luego Reina Isabel II, la persona llamada a la Sucesión de la Corona solía ser proclamada como Príncipe de Asturias por el monarca reinante, celebrándose su Jura por las Cortes. Esta ceremonia de Jura en sesión de las Cortes simbolizaba el compromiso de sus futuros súbditos de respetar sus derechos sucesorios cuando se produjese su subida al Trono y el compromiso de guardarle lealtad cuando ciñese la Corona. El deseo del Monarca reinante de que su inmediato sucesor ostentara públicamente la denominación de Príncipe de Asturias se materializaba mediante la celebración de esta ceremonia.

Es de resaltar para comprender la asunción del título de Príncipe de Asturias por el llamado a ceñir la Corona que si éste es el hijo varón del monarca reinante, asume la dignidad automáticamente, aunque se suele acompañar esa asunción por la Jura en Cortes; pero si el Monarca tiene descendencia femenina, no debemos presumir el uso del título de Princesa si no consta la celebración del acto de Jura en Cortes.

La primogénita de Enrique III, María, fue jurada en 1402, pero fue desplazada al nacer su hermano varón. En 1405, el Príncipe Don Juan, futuro Juan II de Castilla, recibió juramento de las Cortes y como Príncipe de Asturias lo mencionaba el Rey Enrique III en su testamento, en 1406.

La crónica de Juan II dice que ordenó, en las Cortes de 1422, que se prestase juramento a su hija Catalina, nacida el 4 de octubre de ese año. Poco gozó la Princesa de esta condición, pues murió en 1424. Aunque algunos autores dicen que su hermana Leonor fue igualmente jurada en las Cortes de 1424, a poco de fallecida su antecesora, se niega validez a este juramento, efectuado tan sólo por los procuradores de doce ciudades, y debió parecer insuficente al Rey puesto que volvió a convocar Cortes en Valladolid mas, estando la Reina embarazada, no se sancionó el conato de proclamación de Doña Leonor, esperando, como aconteció, que naciese el varón, su hermano Enrique, el 5 de enero de 1425, jurado, a su vez, en las Cortes reunidas en abril de ese año.

Las Cortes de 1462 asistieron a la Jura de la Princesa Doña Juana, la Beltraneja. La turbulencia del reinado de Enrique IV hace que éste se desdiga y haga jurar por heredero a su hermano Alfonso en 1464, pero, habiendo fallecido este Príncipe en 1468, el 19 de septiembre de ese mismo año fue proclamada Princesa su hermana Isabel, Isabel la Católica. En 1470 fue nuevamente reconocida por Heredera Doña Juana, pero Isabel se alzó con la sucesión de Castilla. Juana es ejemplo de personas que, habiendo ostentado en diferentes ocasiones el Principado, sólo computan una vez en su nómina.

En las Cortes de 1476 se juró a la primogénita de los Reyes Católicos, Isabel y, en mayo de 1480, en Toledo, a su hermano, Don Juan, pero murió sin llegar a ser Rey. Nuevamente proclamada Heredera su hermana Isabel, esta vez junto a su marido Don Manuel de Portugal, esta Princesa murió del parto del que nació su hijo Miguel. En enero de 1499 se proclama a este Don Miguel, nieto de los Reyes Católicos, Príncipe que de haber vivido hubiera podido reunificar la península ibérica bajo su cetro, pero, segada su vida por la parca, en 1502 fueron jurados como nuevos herederos Doña Juana y Don Felipe. Como sucesor de Juana I de Castilla se proclamó a su primogénito, el futuro Emperador Carlos V, en 1506. Su hijo Felipe fue declarado Príncipe en 1528, y ostentó esta dignidad hasta que se proclamó Rey de Castilla al abdicar su padre en 1556.

Cuatro fueron los hijos de Felipe II proclamados Príncipes: Carlos (1560), Fernando (1573), Diego (1580) y Felipe (1584), el III de su nombre al subir al trono.

El futuro Felipe IV fue jurado en 1608. Su hijo Baltasar Carlos fue jurado en 1632 como Príncipe de estos reinos para homogeneizar los reinos peninsulares. Tras el fallecimiento de este Príncipe pidieron los procuradores en Cortes que proclamase Heredera a su hija María Teresa, pero Felipe IV tenía razones para negarse: la Reina Mariana aún podía darle descendencia varonil, como ocurrió en varias ocasiones, naciendo los Príncipes Felipe Próspero, muerto prematuramente, y el que sería Carlos II. Por otra parte, se estaba negociando el matrimonio de María Teresa con el Rey francés Luis XIV, celebrado en 1660 y del que se seguría que, en 1700, la corona española recayese en Felipe V, nieto de María Teresa y bisnieto de Felipe IV.

María Teresa, hija de Felipe IV, presunta heredera durante años, no fue jamás Princesa de Asturias, por no ser jurada, pese a las peticiones que se hicieron a su padre, lo cual se comprueba consultando las actas de las reuniones de las Cortes así como de lo dicho por Barrionuevo en sus Avisos. El numerarla como Princesa de Asturias es un error del Padre Risco, quien escribió cien años después de los hechos, cronista copiado unánimemente por los autores que han tratado esta materia con posterioridad. Risco dice que María Teresa fue jurada en 1655, y, extrañamente, da toda clase de detalles acerca de una ceremonia que nunca tuvo lugar. Jamás hemos visto ningún documento de la época que denomine Princesa a María Teresa, y no es personaje al que ignoren las crónicas. Sí consta que, con posterioridad, fueron jurados sus hermanos Felipe Próspero (1658) y Carlos, que habría de reinar como Carlos II (1661). En su testamento, en 1700, Carlos II declara Heredero a su sobrino nieto el Duque de Anjou, pero la muerte del Monarca impidió que se celebrase la Jura como Príncipe.

Durante el reinado de Felipe V el nacimiento de su hijo fue un momento glorioso: el que sería Luis I fue jurado Príncipe en 1709. Muerto sin descendencia, volvió a ceñir la corona su padre, Felipe V, pasando a ocupar la posición de Príncipe el futuro Fernando VI, al que se proclamó en 1724. Este monarca no tuvo prole por lo que queda vacante el Principado hasta que, proclamado Rey Carlos III, se hace jurar a su hijo Carlos en 1760 y, en 1789, se Jura Príncipe de Asturias a Fernando (Fernando VII).

Restaurado en el trono tras la Guerra de la Independencia, y sin descendencia masculina, Fernando VII no dispuso que se jurase por heredero a su hermano Don Carlos, pero ordenó celebrar la Jura de su hija Isabel en 1833. Señalamos la disociación entre el título de Príncipe y la Jura como Heredero, pues Isabel fue proclamada Princesa de Asturias por Fernando VII al poco de nacer, por Real Decreto de 13 de octubre de 1830, mientras que en la Jura, celebrada tres años después, no se alude a ese título.

II. La proclamación de los príncipes de Asturias en el régimen constitucional

Los artículos 201 a 212 de la Constitución de 1812 mencionaban la dignidad de Príncipe de Asturias como propia del Heredero de la Corona, pero este texto legal no estuvo en vigor el tiempo suficiente para su aplicación.

Con la ruptura ideológica que supuso la desaparición del Antiguo Régimen y la implantación de la Monarquía Constitucional caen en desuso la ceremonia de Jura de los Príncipes de Asturias por las Cortes y solamente se da el reconocimiento del Heredero por parte de los representantes del Principado de Asturias mediante la imposición de una insignia, emblema de su dignidad -una joya elaborada a mediados del siglo XIX en la que aparece la Cruz de la Victoria- y la entrega de un tributo simbólico llamado mantillas. Este acto tenía lugar en el Palacio Real de Madrid, y no significaba en cuanto a consecuencias prácticas más que ratificar la asunción por el Heredero de la dignidad de Príncipe de Asturias. Se trataba de una ceremonia palatina de escasa repercusión institucional y, mucho menos, constitucional.

Es digno de mención el tratamiento jurídico de la titulación de las Infantas presuntamente llamadas a la Sucesión de la Corona mientras no contase la Familia Real con Heredero varón. Proclamada Reina Isabel II, en 1833, su hermana Luisa Fernanda, ocupaba el lugar de la Heredera del Trono, pero nunca se la denominó Princesa.

El Estatuto Real de 1834, la Constitución de 1837 y la de 1845 no decían nada respecto de la titulación del Heredero de la Corona. El Decreto de 20 de mayo de 1850, promulgado poco antes del malogrado parto de la Reina del que fue fruto un niño que hubiese ocupado esa dignidad, señalaba que el inmediato sucesor de la Corona recibiría de manera inmediata el título de Príncipe de Asturias. Por ello, se titularon Príncipes de modo automático la Infanta Isabel (La Chata) y su hermano Alfonso (Alfonso XII).

La Constitución de 1869 consagraba la titulación asturiana para el Heredero de la Corona y por ello ostentó este título Manuel Filiberto de Saboya, efímero Heredero de la Corona que ciñera su padre, Amadeo I.

La Constitución de 1876 volvió a obviar la titulación de los sucesores. Como muestra de los avatares políticos en la materia en la Restauración quedan la Real Orden de 24 de marzo de 1875, el Real Decreto de 22 de agosto de 1880 y el de 10 de marzo de 1881. La primera de estas disposiciones fue redactada por Cánovas del Castillo para proclamar Princesa de Asturias a la Infanta Isabel apartando a la ex Reina Isabel II de volver al trono. El Real Decreto de 22 de agosto de 1880, de sentido radicalmente contrario al primero, es también debido a Cánovas, pero su intención política es otra: casado Alfonso XII y habiendo nacido su primera hija, no se plantea la duda de si la sucesión del Rey pudiera corresponder a su madre Isabel II, y Cánovas, estima improcedente cargar el erario con la lista civil de una Princesa de Asturias, cuando la señalada a una Infanta era más parca. El tercero de los Decretos comentados fue obra de Sagasta, sucesor de Cánovas, y que, proclamando Sucesora de la Cororna a la Infanta María de las Mercedes (primogénita de Alfonso XII y de María Cristina), se atrajo la simpatía de la futura Regente.

María de las Mercedes ostentó la condición de Princesa hasta su fallecimiento en 1904, ocupando oficiosamente su puesto su primogénito, el Infante Alfonso de Borbón Dos Sicilias, quien no llegó a ser designado Príncipe, aunque muchos lo llamasen así, sobre todo, cuando se celebró la boda de su tío Alfonso XIII con Victoria Eugenia de Battenberg, en 1906. Lo desplazarían poco después de esta situación, pues en 1907 nacería su primo homónimo, primogénito de Alfonso XIII y Victoria Eugenia, proclamado el 23 de mayo de ese mismo año. Es interesante resaltar que, según contó el conde de Latores, en 1987, cuando se pergeñaba el Real Decreto sobre tratamientos y títulos de la Familia Real, el Conde de Barcelona argumentó, que este Infante había sido heredero de la corona, justificando la designación de su hijo Don Carlos, Duque de Calabria, como Infante de Gracia.

III. La República y el régimen de Franco

Tras proclamarse la II República, el primogénito de Alfonso XIII, Don Alfonso de Borbón y Battenberg, renunció a sus derechos para contraer matrimonio sin consentimiento paterno, conociéndosele a partir de ese momento con el título de Conde de Covadonga. También renunció el Infante Don Jaime, quien, durante algo más de una semana, habría ostentado de hecho el status de Heredero de la Corona, argumento que han usado algunos para defender la condición de Infantes de Don Alfonso y Don Gonzalo de Borbón Dampierre. Contra estos argumentos cabe alegar que Alfonso XIII dispuso expresamente la inscripción de estos nietos en el Almanaque de Gotha (de cuyo Consejo era patrón) con tratamiento de Excelentísimos Señores y el apellido Borbón-Segovia, indicativo de la voluntad al respecto del entonces Jefe de la Casa Real de España, única fuente de Derecho Dinástico en esos momentos históricos.

Estas renuncias no fueron ratificadas por las Cortes del Reino, inexistentes en esa fecha pero Alfonso XIII consideró como Heredero a su tercer hijo varón, Don Juan, al que tituló Príncipe de Asturias, como se ve en las invitaciones y el ceremonial de la boda de Don Juan en 1935. Curiosamente Don Juan ostentó la insignia de los Príncipes de Asturias en las exequias de su padre. Decimos curiosamente porque ya era Rey de Derecho de España desde hacía algo más de un mes, pues no debemos olvidar que Alfonso XIII había abdicado en él cuarenta días antes de su fallecimiento.

La Historia de España desembocó en una Guerra Civil a la que no sobrevió la II República, substituída por el estado del Generalísimo Franco desde 1938 hasta su fallecimiento en 1975.

La indefinición jurídica del modelo político español desde el 1 de abril de 1939, fecha de la Victoria de Franco, cesó con la Constitución del Estado en Reino en 1947, a través de la Ley de Sucesión, apareciendo la figura del Sucesor en la Jefatura del Estado, indeterminada hasta que, en julio de 1969, Franco designó como tal a Juan Carlos de Borbón y Borbón, que adoptó el título de Príncipe de España, con tratamiento de Alteza Real. Este Príncipe era el primogénito y sucesor del Conde de Barcelona y desde 1941 se le conocía en los medios monárquicos como Príncipe de Asturias y desde niño posó luciendo la placa que acreditaba esta condición. Su padre, el Jefe de la Casa Real, el Rey de Derecho para muchos, así lo reconocía públicamente y, como ocurriera en 1935, cuando en 1962 Don Juan Carlos casó con la Princesa Sofía de Grecia, las invitaciones y los ceremoniales le daban este título, que compaginaba con el Ducado de Gerona, figura de incógnito que encubría al heredero del Conde de Barcelona.

Las autoridades del Régimen franquista y los medios de comunicación de la época evitaban cuidadosamente mencionar el título de Príncipe de Asturias, que no se le dispensaba en ningún documento oficial ni en ninguna nota de prensa, pero sí se le llamaba Príncipe (sin denominación) con tratamiento de Alteza Real, lo cual no deja de ser paradójico, teniendo en cuenta que la Tradición dice que no hay más Príncipe en España que el Heredero de la Corona.

La pregunta es: ¿quedó vacante la dignidad de Príncipe de Asturias al aceptar Juan Carlos la designación hecha a su favor por el Caudillo? Así pareciera indicarlo el hecho de que su padre le exigiese la devolución de la placa que simboliza esta dignidad. Pero no consta que Don Juan designase para esta posición a su hija Pilar, que habría sido la persona llamada a ocuparla, ni tan siquiera que llegase a despojarle expresamente del Principado de Asturias, por lo que simplemente Juan Carlos dejó de usar un título, Príncipe de Asturias, para ostentar el de Príncipe de España.

IV. Restauración de la monarquía en 1975

Francisco Franco murió el 20 de noviembre de 1975 y su Sucesor fue proclamado Rey el 22 de noviembre. Su hijo, Don Felipe, fue proclamada Príncipe de Asturias por Decreto el 21 de enero de 1977, por lo que, con anterioridad a esa fecha, la prensa de la época se refería a él sólo como Príncipe Don Felipe. El problema de la titulación de este Príncipe radicaba en que, para los puristas monárquicos, el Conde de Barcelona sería aún el legítimo Rey y, Don Juan Carlos, pese a su Proclamación, al no haberse producido aún la renuncia de su padre, el verdadero Príncipe de Asturias. Algunos puristas dieron en hablar de el Rey para referirse a Don Juan y del joven Rey para designar a Don Juan Carlos. Cuando se dictó el Decreto de 1977, aún no se había efectuado la Renuncia de Don Juan a sus Derechos Dinásticos, con lo que se señalaba que la legitimidad de la Instauración producida el 22 de noviembre de 1975 no admitía duda, pese a la existencia separada del Jefe de la Casa Real y del Rey de España.

El 14 de mayo de 1977, al hacerse pública la convocatoria de las elecciones legislativas de junio, Don Juan efectuó la renuncia de los derechos que recibió de Alfonso XIII, momento en el que entregó de nuevo a su hijo el Rey la presea simbólica del Principado, pero, encargada ya la venera que regalaban las instituciones asturianas a Don Felipe, éste ostentó la nueva joya en sus visitas a Asturias.

V. La Constitución de 1978

El artículo 57.2 de la Constitución dice textualmente: El Príncipe heredero, desde su nacimiento o desde que se produzca el hecho que origine el llamamiento, tendrá la dignidad de Príncipe de Asturias y los demás títulos vinculados tradicionalmente al sucesor de la Corona de España. Por ello, el Heredero de la Corona de España usa no sólo el Principado de Asturias (como heredero de la Monarquía de Castilla), sino también los de Gerona, por Aragón, y Viana, por Navarra, y los títulos de Duque de Montblanc, Conde de Cervera y Señor de Balaguer, llegando algunos a afirmar que también podría usar el principado de Jaén que discuten los especialistas.

El 30 de enero de 1986, al cumplir los dieciocho años y alcanzar su mayoría de edad, Don Felipe, prestó juramento de desempeñar fielmente sus funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las Leyes y respetar los derechos de los ciudadanos y de las comunidades autónomas. No se trataba con ello de ratificarle en su condición de Heredero ni en el uso de sus dignidades, sino de que cumpliese con una obligación que marcó la Constitución de 1978 en su artículo 61.

Posteriormente, el Real Decreto 1368/1987, de 6 de noviembre, sobre régimen de títulos, tratamientos y honores de la Familia Real y de los Regentes estipula que el heredero de la Corona tendrá desde su nacimiento, o desde que se produzca el hecho que origine el llamamiento, la dignidad de Príncipe o Princesa de Asturias, así como los demás títulos vinculados tradicionalmente al sucesor de la Corona, y los honores que como tal le correspondan. Recibirá el tratamiento de Alteza Real. De igual dignidad y tratamiento participará su consorte, recibiendo los honores que se establezcan en el ordenamiento jurídico.

Los príncipes de Asturias

I. Enrique (luego Enrique III de Castilla), hijo de Juan I, en 1388.

II. María, hija de Enrique III, en 1402.

III. Juan (Juan II de Castilla), hijo de Enrique III, en 1405.

IV. Catalina, hija de Juan II, en 1422.

V. Enrique (IV), hijo de Juan II, 1425.

VI. Juana, hija de Enrique IV, en 1462.

VII. Alfonso, hijo de Juan II, en 1464.

VIII. Isabel (Isabel I de Castilla), hija de Juan II, 1468.

IX. Isabel, hija de Isabel I, en 1476 y en 1498.

X. Juan, hijo de Isabel I, en 1480.

XI. Miguel, nieto de Isabel I, en 1499.

XII. Juana (luego Juana I de Castilla), hija de Isabel I, en 1502.

XIII. Carlos (luego Carlos I de España), hijo de Juana I, en 1506.

XIV. Felipe (Felipe II), en 1528.

XV. Carlos, hijo de Felipe II, en 1560.

XVI. Fernando, hijo de Felipe II, en 1573.

XVII. Diego, hijo de Felipe II, en 1580.

XVIII. Felipe (Felipe III), en 1584.

XIX. Felipe (luego Felipe IV), en 1608.

XX. Baltasar Carlos, hijo de Felipe IV,en 1632.

XXI. Felipe Próspero, hijo de Felipe IV, en 1657.

XXII. Carlos (luego Carlos II), hijo de Felipe IV, en 1661.

XXIII. Luis (Rey Luis I), hijo de Felipe V, en 1709.

XXIV. Fernando (Fernando VI), hijo de Felipe V, en 1724.

XXV. Carlos (luego Carlos IV), hijo de Carlos III, en 1760.

XXVI. Fernando (Fernando VII), hijo de Carlos IV, en 1789.

XXVII. Isabel (después Isabel II), hija de Fernando VII, en 1833.

XXVIII. Isabel, hija de Isabel II, en 1851 y en 1875.

XXIX. Alfonso (Rey Alfonso XII), hijo de Isabel II, en 1858.

XXX. Manuel Filiberto, hijo de Amadeo I, en en 1871.

XXXI. María de las Mercedes, hija de Alfonso XII, en 1881.

XXXII. Alfonso, hijo de Alfonso XIII, en 1907.

XXXIII. Juan (Conde de Barcelona y Jefe de la Casa), hijo de Alfonso XIII, en 1933.

XXXIV. Juan Carlos (Rey Juan Carlos I), hijo de Juan, Conde de Barcelona, en 1941.

XXXV. Felipe, hijo de Juan Carlos I, en 1977.

XXXVI. Leonor hija de Felipe VI, en 2014.

El rey Felipe y la princesa Leonor, en el desfile del 12 de octubre.

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